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>> La ciudad de los niños

El territorio de Mabel

El cuerpo ha sido un territorio que la escuela ha dejado a un lado. En La ciudad de los niños es movimiento y expresión.
Este un programa auspiciado por Bancolombia en alianza con el Museo de Arte Moderno de Medellín.

El territorio de Mabel. 

Mabel se dibuja a sí misma con los pómulos y los labios rojos. Con los ojos grandes, muy abiertos, de un café profundo. Pestañas expresivas, gruesas. Su autorretrato no tiene nariz, pero su sonrisa, también la real, es contagiosa; entre tímida y maliciosa.  

“Mis ojos me fascinan, me hacen sentir calor. Sirven para mirar y para darte mi amor (…) Mi boca me encanta, me da gran felicidad. Me sirve para poder besar y me sirve para poder decir te amo”. Esa actividad, una de las primeras de este semestre en
La ciudad de los niños, consistía en reconocer el cuerpo, el propio. Esa piel con la que nos desenvolvemos pero que, a veces, por tedio o costumbre, sentimos distante, a veces, ajena.


La ciudad de los niños
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La ciudad de los niños

Mabel no habla mucho, escucha. Reacciona con las palabras de los demás. Abre aún más sus ojos, sonríe, hace muecas, se lleva las manos a su rostro, estira sus brazos, se contorsiona. Baila. Habla con su cuerpo.

-Dibujas con las manos, dibujas con los ojos, con las rodillas, con los pies –dice Jose Flórez, el coreógrafo que acompaña otro taller en Caicedo. Una vez al mes, es el encargado de una sesión en cada barrio del programa–. Sigo, bailo, me muevo. Otro movimiento, no hablo, que hable el cuerpo, no pienso.

Mabel baila. Escucha, se mueve. Se distrae a ratos, pero vuelve a abrir sus ojos, apenas pestañea. Se deja llevar. Su cuerpo dibuja figuras en el piso de madera. A veces levanta la mirada, ve su figura en un espejo que cubre la pared. Sonríe. Baila.

Ese taller –el laboratorio de Jose– prepara a los niños para la muestra final que tendrán en el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), gracias al apoyo que Bancolombia ha brindado para hacer posible este programa. Serán cuadros escénicos, una coreografía para dibujar en el espacio durante el encuentro entre todos los barrios con el que finaliza este ciclo de La ciudad de los niños.

Esta vez el protagonista será el cuerpo, como si se tratara de la versión más próxima del territorio, ese espacio íntimo y cercano que, sin embargo, con frecuencia cuesta reconocer. Por eso ese “que hable el cuerpo”, ese “me muevo”, ese dibujar en el espacio; la propuesta de Jose, es una de las formas de explorar ese mundo que en muchas ocasiones se restringe por el tabú o por la desconfianza.

“El cuerpo nos da lugar en el mundo –dice Liliana Martínez, coordinadora de La ciudad de los niños–. Es ese texto tan verdadero, básico e instintivo que, a pesar de eso, ha sido el gran olvidado de la pedagogía. Sentimos que la vida se expresa en el cuerpo, entonces hacía rato que veníamos con esa inquietud por lo que eso representa. Nos parece un territorio muy complejo y lo hemos abordado con mucho cuidado, de una manera muy intuitiva. Por eso el recurso que encontramos fue el de la danza”.

La propuesta también parte de la pregunta por la ética del cuerpo. Por la necesidad de reconocer lo no solo lo que representa para la búsqueda de eseyo en lo íntimo y en lo privado, sino además de reconocer al otro y entender que el cuerpo también es similitud y diferencia.

Mabel se hace a un lado. Es el turno de otros niños. Jose llama la atención del grupo. Hacían el ejercicio del espacio vacío. Lo habían ensayado antes y ahora se preparan para presentarlo en el Museo. Pero hoy los movimientos no fluyen, las parejas se ven estáticas, los pasos se ven forzados. A veces pasa.  

-Mabel, ven –dice Jose–.

Ella salta desde el sitio donde está sentada. Cuando ambos están quietos, se nota que Jose casi la duplica en estatura. Pero dejan que los cuerpos dibujen en el espacio. La diferencia de tamaño deja de ser importante. Se acercan sin tocarse. Mabel se concentra, baila, se deja llevar. Habla con Jose sin hablar. Los demás miran, sonríen, de a poco intentan imitarla. Mabel termina con un aplauso para sí misma. Vuelve a su lugar. Los otros niños están preparados, vuelve a ser su turno.  




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