banner generalbanner general
>> La ciudad de los niños

El correo de los niños

Las cartas de La ciudad de los niños conectan historias. Son una forma de reconocer en la historia del otro, nuevas posibilidades para interpretar la vida y el territorio. El Museo de Arte Moderno de Medellín, en alianza con Bancolombia, hace posible que 80 niños de 4 barrios de la Ciudad compartan sus escritos llenos de emoción, verdad e historias.

-Llegó carta
-¿Para quién?

Para todos. A La Verde el correo de los niños llegó en una bolsa de papel. Es una vereda de San Antonio de Prado. Un sector de casas de material y calles de cemento que dibujan un barrio corriente. Pero muy cerca está la quebrada, las montañas, unos cuantos árboles de café que sobreviven como si quisieran recordar que ese lugar, mezcla entre lo urbano y lo rural, fue levantado por familias campesinas que luego se convirtieron en habitantes de ciudad.  

La ciudad de los niños
La ciudad de los niños
La ciudad de los niños
La ciudad de los niños
La ciudad de los niños
La ciudad de los niños
La ciudad de los niños

Fue allí, en el balcón de un segundo piso que sirve de salón de pintura, lugar de reunión, patio de juegos, en ese balcón que sirve de lo que tenga que servir, donde los niños leyeron las cartas dirigidas a cada uno de ellos. Cada carta es una hoja milimétrica enrollada. Está marcada con el nombre de su destinatario y sellada con un adhesivo de color para identificar su origen: los otros tres barrios que hacen parte de La ciudad de los niños.

Adentro, palabras, dibujos, historias. Recuerdos de viajes y celebraciones. “El día que conocí el mar”, “el día que me llevaron a piscina para celebrar mi cumpleaños, “el día que descubrí un regalo de Navidad escondido bajo la cama”.

Porque la vida se teje con momentos alegres y con historias dolorosas, las cartas también llevan esos recuerdos que suele ser difícil compartir. Con el correo, sin embargo, encuentran en esas frases, en ese receptor desconocido, el respiro que da contar lo que no es fácil contar.  

Armados de colores y lápices, los niños de La Verde buscaron un espacio más íntimo para preparar sus respuestas en un rincón o en una habitación cercana. “Mi hermanito es chef, se fue a vivir a Perú y me hace mucha falta. Eso es lo que le quiero contar al niño que me escribió a mí”, dice una de las niñas, mientras se dibuja a sí misma y a su hermano, en el mensaje que le devolverá a su nuevo amigo en Caicedo.

Se llama el Correo de la rosa de los vientos, con él se conectan las historias de los niños de los cuatro barrios sin importar la distancia que exista entre los lugares que habitan. Es, dice Marcela Pérez, una de las talleristas de La ciudad de los niños, “un intercambio para que se conozcan entre los barrios, para que compartan vivencias y se den cuenta que las historias de otros niños se parecen a las que ellos mismos viven”.

Y como no se trata de evaluar el nivel de escritura ni de calificar la ortografía, las cartas son ejercicios espontáneos que hacen parte de ese juego de relatar lo cotidiano. Por eso puede aparecer un retrato que un niño hace de sí mismo para que lo conozca su interlocutor, ese otro niño con el que se escribe, pero a quien nunca ha visto.  También puede aparecer un “te quiero mucho” para alguien con quien nunca se ha relacionado más allá de esas palabras. “Es simplemente la expresión de los niños”, dice Marcela. 

Reconocer al otro

Jeidy, en Caicedo, recibió una carta de un niño de El Limonar. Le contaba que su papá manejaba un camión. En uno de sus viajes, la Policía lo detuvo. Sin que él lo supiera, alguien había escondido droga entre su carga. Fue llevado a la cárcel. Aunque están en polos opuestos de la ciudad esa historia es familiar para ambos. El padre de Heidy murió cuando ella estaba muy pequeña. Por eso su respuesta fue que no estuviera triste. Le dijo que lo quería, le hizo entender que comparte su dolor.

Marcela, la tallerista, dice que ese ejercicio de escritura intencionada no se parece a la tarea del colegio. Que las cartas son un intercambio de experiencias y sensaciones. El correo de la rosa de los vientos es un puente para reconocer esas historias que unen a los niños, pero también para reconocer al otro y valorar la diferencia. Ese puente es cruzado de la mano del MAMM y Bancolombia, dos instituciones que se unieron en su propósito de permitir que los niños, transiten por el sendero de la tolerancia y el respeto.  

Se trata de preparar su encuentro. Ese que tendrán después en el Museo. Pero antes, el correo es abrir el mundo, demostrar que más allá de las fronteras de sus barrios, de ese territorio conocido, hay otros escenarios de confianza, hay amigos posibles y otra forma de vivir la ciudad que comparten a pesar de la distancia. 


Patrocinador