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>> La ciudad de los niños

La aventura ha regresado

Llegamos

Santo Domingo La Torre. Es lunes. Los niños corren como locos, desbordantes de sonrisas y emoción. El ambiente es contagioso y los ojos de los pequeños se posan sobre las canastas cargadas de nuevas herramientas que usarán en su encuentro: La ciudad de los niños ha regresado a la sede de la Fundación Huellas, luego de unas largas vacaciones. 


Son dos horas semanales, que parecen un minuto, por aquello de que el tiempo se va volando. Es un mágico espacio cargado de arte, literatura, juego y convivencia; que se torna como una marca para toda la vida en el corazón de estos pequeños entre los 6 y 12 años. Es la oportunidad para crear, soñar y hablar de lo que piensan. Con los días, las talleristas se volvieron amigas, compañeras y guías en esta grandiosa aventura. 

Taller La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
La ciudad de los niños / Santo Domingo La Torre
Primera estación: la mandala
La sesión comenzó. A Zaira le pareció familiar hacer una mandala, porque ya había hecho una en el colegio. “Es una ruedita que tiene por dentro decoración”, dice Zharik, quien está en La ciudad de los niños desde el año anterior. La de hoy es gigante y la adornarán con flores y hojas reales y a medida que lo hacen, deben contar algo sobre sí mismo. 

Arrancó Zharik. Tomó unos cuántos pétalos lila y rosa y mencionó que está en tercero de primaria, que le gustan mucho los pasteles y jugar y que no le gustan los bichos, las arañas y cucarachas. Por su parte Alexander Orejuela, con esos ojos vivaces imposibles de ocultar, dejó ver lo mucho que le gusta compartir. Con 7 años de vida y un año de estar en el programa, motivó a su primo Yeferson Orejuela para que lo acompañara. 

Para el cierre de esta primera actividad, Yeisi -voluntaria de la Fundación- se animó a contar lo emocionante que fue conocer el mar y la mucha agua que tragó durante su travesía. “Yo solo conozco el río Medellín y es largo, largo”, repuntó Alexander, con una simpatía inigualable. 

Segunda estación: metámonos en la historia
Una mandala gigante, luego un juego en ronda para retomar la atención. Así es como las “profes” logran tejer una sesión cargada de momentos inolvidables, cada uno diseñado previamente por artistas y pedagogos del MAMM. Minutos después llega “La merienda del señor Verde”, la lectura invitada y conectada con el tema del día. 

Marcela toma el libro y usa un estilo pausado que atrapa a la audiencia en segundos. El señor Amarillo, el señor Azul, el Púrpura y el Negro arribaron al mundo del señor Verde, anfitrión de la historia. Fueron convocados para tomar una decisión colectiva: pasar la puerta que los llevaría a un mundo de colores.

Y entonces, se abre el debate: “¿Ustedes qué harían?” –Pregunta la profe. La historia pronto se convirtió en debate, en reflexiones y en una oportunidad para escuchar la ingeniosa imaginación de los pequeños que no paran de levantar sus manitos para dar sus opiniones. Desde hoy, el señor Verde ya es un nuevo amigo que les abrió la puerta al mundo del color.

Tercera estación: Untar, regar, cerrar
Llega el momento del banquete, justo donde estaba la mandala. El mantel, los platos, cucharas, vasos y servilletas verdes engalanan el encuentro, muy a tono con la historia. Galletas de sal, mermelada y crema de chocolate, con un rico néctar de pera, es la merienda de la tarde que se va cerrando con un toque de dulzura.

Riegan. Limpian. Untan las galletas de dulce y a la boca. El sabor de este taller queda en las pupilas de los pequeños que hacen parte de este proceso llamado La ciudad de los niños. No es el colegio, por eso el espacio es espontáneo y divertido, un lugar flexible a la creatividad, que tiene en el fondo, el interés de acercarlos al arte y alejarlos de la violencia. 

Recogemos todo y cerramos con “El Correo la Rosa de los Vientos”, un buzón de cartas escritas por otros niños, de otros barrios, que también integran el Programa. La carta de hoy los invita a estar activos todo el año y a construir nuevas realidades. Son las 4 de la tarde y vuelven a casa. Esta vez, jamás olvidarán al señor Verde. 



La ciudad de los niños es un programa auspiciado por Bancolombia y dirigido por el Museo de Arte Moderno de Medellín, en cuatro barrios de la ciudad de Medellín. Cada año, 80 niños y niñas tienen la oportunidad de adelantar un trabajo alrededor del arte y la cultura.

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