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Julio en nuestra cartelera

El cine como espejo de esa tragicomedia que somos, nos ha brindado diversas aproximaciones a lo que puede considerarse el apocalipsis, bien sea presente o futuro, real o imaginado; registros documentales o ficticios, en todo caso, de nuestro efímero paso por la vida. El fin del mundo no se limita a la desaparición de la raza humana o del planeta, la que por inmediatez podría deberse a una asonada nuclear, por ejemplo, situación planteada en el falso documental “The War Game” (1965), que le valiera el Óscar a Mejor Documental –a pesar de ser una ficción– al visionario realizador británico Peter Watkins. Con una exhibición en la TV censurada en su momento por la misma BBC tras haberla producido para evitar pánico generalizado en Gran Bretaña, la película tiene como nódulo temático el acceso a la información de temas capitales vetados a la ciudadanía por los gobiernos. El fin del mundo incubado por la guerra también fue previsto por Werner Herzog durante el reconocimiento de campo que hizo en Kuwait tras la retirada de las tropas de Hussein en “Lessons of Darkness” (1992). 


Allí, el desierto tapizado de pozos petroleros ardiendo durante semanas y revistiendo el cielo de turbulencia mientras ríos de petróleo desembocaban en el mar –entre otras estampas del infierno en la tierra– configuró un paisaje donde uno de los más funestos cataclismos fue aprehendido por un lente, en este caso, de un maestro del cine documental. 



 

 

El fin del mundo ha estado cifrado muchas de las veces por la ciencia. Temerarios avances tecnológicos surgidos del género sci-fi escaparon del encuadre –así como se han desmarcado de las hojas de la literatura– para instalarse en nuestra porosa realidad. La clonación de humanos atraviesa todo el desarrollo de “4 (Cuatro)” (2004) del ruso Ilya Khrzanovskiy, en una historia donde los personajes no miden los alcances de vivir en una zona –acaso un país– delimitada por el patriarcado del machismo y la conjura. En un mundo brumoso capturado en fílmico, conviven el más inhóspito medioevo eslavo de comarcas donde aún se practica el aquelarre, y una modernidad de bares taciturnos y de poderío militar que ha roto para siempre el balance genético de una especie en franco declive. 


En el cuadrante opuesto de una imaginada guerra fría en el cine de ciencia ficción, el virtuoso realizador estadunidense Shane Carruth (“Upstream Color”) acomete con su ópera prima “Primer” (2004) el supuesto muy probable de poder trasladarse al pasado. La manipulación de la cuarta dimensión supone un cimbronazo en la medida en que el presente se puede cambiar desde la alteración de situaciones que deberían permanecer congeladas en el tiempo. Tangencial pero evidente bajo capas de lectura, esta sola posibilidad implica consecuencias de profundo calado donde un mal paso pondría en riesgo el discurrir humano.


Inspirándose en el Ragnarök, etapa pre-apocalíptica mencionada en el poema germánico “Volüspá”, donde todo valor humano colapsa dando paso a la destrucción y la barbarie, el director Michael Haneke (“Funny Games”, “Amour”) perfila en “El tiempo del lobo” (2002) un portentoso drama detonado por la huida al campo de una familia que busca evadir el cataclismo que ha se ha instaurado en la ciudad. ¿Cómo proceder cuando el fin del mundo inicia en las inmediaciones? Esta premisa sirve como pivote de una historia que busca reflejar a partir del núcleo familiar las nulas posibilidades que tenemos como raza de evadir nuestro fin. 


La programación de cine de julio en el MAMM ofrece una retrospectiva del trabajo del director Xavier Dolan. Revelación temprana de talento donde ha construido una filmografía cuya principal cantera de inspiración ha sido hasta la fecha su vida propia, su relación con sus padres y la construcción de una sexualidad en contravía de toda inercia. A los 19 años ya dirigía su ópera prima “Yo maté a mi madre” (2009), drama biográfico sobre un joven homosexual y su madre, con quien mantiene una relación basada en la confrontación.


Aquí, Dolan exponía tempranamente su virtuosismo con los diálogos, la exacerbación del drama y una intención formal acorde con la historia. Además de dirigir, en su segunda película, “Los amores imaginarios” (2010), Dolan interpretó uno de los protagónicos en una historia de tres amigos íntimos que se ven involucrados en un triángulo amoroso. Dolan plantea un juego de conquistas en el que los personajes se valen del engaño y las contradicciones para salir avante, una película sobre el enamoramiento y la representatividad del ser amado en la que Dolan se manifiesta como un director muy ágil con la utilización de la música. Su tercer largometraje, “Laurence Anyways” (2012), fue creado como una ambiciosa epopeya sobre la sexualidad que cuenta la historia de Laurence, un profesor de literatura con un trabajo estable y una sólida relación con su novia que un día decide contarle a sus amigos y familia sus planes para cambiarse de sexo. Rebosante de expresividad, la madurez creativa de Dolan se refleja en el manejo del lenguaje, en la conjunción de sonidos, música, encuadres, montaje y color. 


Con “Tom en el granero” (2014), adaptación de la obra de teatro queer noir homónima de Michel Marc Bouchard, Dolan cierra una trilogía completada por sus dos películas previas y que versa sobre el amor no correspondido. Aquí, sumido en la angustia tras la pérdida de su novio en un accidente, Tom (interpretado por Dolan) viaja a Montreal donde se entera que su suegra y su yerno no sabían de la homosexualidad de su pareja. El yerno ve una amenaza y decide que su madre jamás debe enterarse. Si “Yo maté a mi madre” se centra en una crisis de adolescencia, “Mommy” (2014), trata de una crisis existencial en el marco de una relación conflictiva madre-hijo. En una Canadá ficticia, una mujer viuda intenta educar a su hijo que padece trastorno por déficit de atención e hiperquinesia. En el proceso, una vecina misteriosa ofrece su ayuda reconfortante y termina por marcar sus vidas.

Con decisiones formales alejadas de la convención, como la implementación del cuadro con proporciones 1.33, Dolan logra un sugerente trabajo que hallaría aún más madurez en su último largometraje a la fecha, “Solo el fin del mundo” (2016), atmosférico drama familiar en 35mm sobre la imposibilidad de conectar con los seres queridos ante la inminencia del destino. El vibrar íntimo de una suerte de hijo pródigo que regresa al hogar a entregar una terrible noticia, y quien se enfrenta a un retorno imprevisto. 


La oferta de cine colombiano en el MAMM para julio integra dos películas en estreno con propuestas distintas en términos de historia, lenguaje e intención formal. “Una mujer” (2016) de Camilo Medina y Daniel Paeres, es un drama erótico localizado en la Bogotá contemporánea que aborda conflictos del mundo femenino ligados a la sexualidad a partir de una visión masculina del mundo. El resultado permite distintas lecturas enmarcadas en una imagen controversial de la mujer en medio de personajes masculinos que por momentos parecen más urgidos de una búsqueda existencial que la misma protagonista, quien busca recuperar un amor del pasado con frenesí y sin escrúpulos, una búsqueda en la que el fin justifica los medios.


“Sin mover los labios” (2015) de Carlos Osuna (“Gordo, calvo y bajito”) echa mano de un tono fársico y delirante para contar la historia de Carlos, un ventrílocuo que pasa su tiempo libre viendo telenovelas en compañía de su madre y su novia. En las noches va al bar de su mejor amigo donde se guarece en la cocaína y en prostitutas. Su madre muere y Carlos intenta deshacerse de su pasado, pero se perderá a sí mismo en un delirio surreal que lo llevará a convertirse en un hombre pollo. Sin duda una película muy particular que podrá no ser del gusto general pero que no dejará indiferente a nadie. 


Dentro de la oferta de películas colombianas contemporáneas está “La defensa del dragón” (2017) de Natalia Santa. Esta película que hizo parte de la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes se sitúa en la Bogotá de hoy y mira al trío de protagonistas de una manera íntima y personal, mientras ellos lidian con conflictos propios de su edad y de las condiciones sociales en las que viven: un relojero tratando de mantener su negocio a flote, un bioenergético sin pacientes y un ajedrecista que ejerce como profesor de matemáticas a domicilio y trata de abrirle el camino a su pupilo en la grandes ligas de este deporte. Los tres se ven enfrentados a los altibajos de sus vidas amorosas que terminan por enfrentarlos. Una historia de antihéroes cotidianos que sin importar su edad, pueden llegar a representar dramas que acontecen en cualquier etapa de la vida.  


También dentro del contexto colombiano, pero esta vez abordado desde el género documental, llega El “Silencio de los Fusiles” (2017) de Natalia Orozco. Una mirada cercana e íntima a los protagonistas que hicieron posible, pese a todos los obstáculos y opositores que tuvieron, ocho millones de víctimas y desplazados y tres procesos de paz fallidos, el desarme total de la guerrilla de las FARC, la más antigua del mundo, y que se consolidara la paz entre el gobierno y este grupo insurgente, invitándolos a hacer política con ideas y a reincorporar a los miembros de sus filas a la vida civil.


Tendremos la participación del Bogoshorts, festival de cortos de animación colombianos, con dos secciones que exploran a fondo esta versátil técnica llena de posibilidades narrativas. Presentaremos la sección de cortos de animación para un público general adulto y también otra enfocada al público infantil en días distintos.  


La cartelera de julio se complementa con tres estrenos de la cartelera comercial: “The Handmaiden (La doncella)” (2016) de Chan-wook Park (“Old Boy”, “Lady Vengeance”). Inspirada en la novela “Fingersmith” de Sarah Water, este genial thriller de estafas y giros dramáticos situado en Corea de 1930 cuenta la historia de Lady Hideko, una joven heredera japonesa que vive en un lugar aislado bajo la influencia de un tirano, y una mujer que es contratada para servir como su nueva doncella. Una película sobre el placer y el éxtasis, cine industrial que combina exitosamente entretenimiento con una propuesta artística y un sello personal del director. 





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